CÓMO REZARLO

"El Rosario es una oración de madurez espiritual, porque es una oración completa, bíblica, Cristo-céntrica, resumen de toda la liturgia, (...) y generadora de muchos bienes." (Papa San Juan Pablo II. Brasil, 1980)


El Rosario es la oración en la que meditamos los momentos más importantes de la vida de Jesús y de María para que nos ayuden a llevar adelante nuestra propia vida. A estos momentos los llamamos misterios. A María, al igual que a nosotros, le pasaron cosas que no entendía del todo, pero Ella pensaba: "Dios sabe lo que hace", y desde el primer momento en que a Ella le es anunciado que es la elegida por Dios para ser parte de Su plan salvífico y estar presente en la historia de salvación, se entrega a Su voluntad con humildad, obediencia, un amor incomparable y de confianza hacia el Creador; aceptándose servidora del Señor.

Tengamos en cuenta que no existe una única manera de rezar el Rosario, ya que la meditación personal y comunitaria es libre y según las exigencias espirituales y pastorales pueden surgir oportunas adaptaciones, aunque claro está que el rezo de cada misterio (un Padre nuestro, diez Ave María y un Gloria) es la base fundamental del mismo y, por lo tanto, no debe ser modificado.

Comenzamos el rezo del Santo Rosario de la siguiente manera:

  • Nos ponemos en presencia de Dios y nos persignamos y santiguamos: Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
  • Acto de contrición: Pésame Dios mío, me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el Cielo que perdí. Pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como vos. Antes querría haber muerto que haberte ofendido. Propongo firmemente no pecar más y evitar todas las ocasiones próximas de pecado. Amén.
  • Luego podemos poner nuestras intenciones todas juntas al inicio del rezo del Rosario o podemos ir poniéndolas por separado al inicio de cada misterio. Recordemos lo oportuno de poner como intención general para todos los días la que comunicó la Virgen María en una de sus apariciones en San Nicolás, Bs. As, Argentina en 1983: "Que el Señor tenga misericordia con el mundo entero y que el mundo entero responda a su llamado de conversión. Que el hombre se entregue totalmente a Dios y no deje pasar este momento tan especial".
  • Se reza el Credo de los Apóstoles pidiendo espíritu de fe para iniciar el Rosario.

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los Cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Se rezan un Padre nuestro, tres Ave María y un Gloria (podemos ofrecer estas primeras oraciones por la Santa Iglesia Católica -especialmente los perseguidos-, por el Santo Padre y por las almas del purgatorio).

  • Anunciamos el 1er misterio del día y hacemos, opcionalmente, las lecturas bíblicas. Se puede hacer una pequeña meditación y luego se comienza con el Padre nuestro, diez Ave María y un Gloria.

Existe un documento pontificio que alude a las jaculatorias luego del Gloria. El Papa San Juan Pablo II consagró el tercer milenio a la Virgen de Fátima durante el jubileo 2000, por eso es oportuno, tal y como lo pidió Nuestra Madre, rezar luego del Gloria la jaculatoria dictada por Ella misma a los pastorcitos de Fátima (y que años más tarde reiteraría a Sor Agnes Sasagawa en Akita): "Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno y lleva al Cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de Tu misericordia. Amén".

Y continuamos de la misma manera hasta completar los cinco misterios del día. A continuación, se anuncian los misterios del Santo Rosario. En otro apartado se desarrollan con sus lecturas bíblicas y meditaciones correspondientes.  (Misterios + lecturas bíblicas + meditación: EN CONSTRUCCIÓN)

Misterios gozosos (se rezan lunes y sábado)

  1. La anunciación del Ángel Gabriel a María y la encarnación del Hijo de Dios.
  2. La visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel.
  3. El nacimiento del Niño Jesús.
  4. La presentación del Niño Jesús en el templo de Jerusalén.
  5. El hallazgo de Jesús en el templo de Jerusalén.

Misterios luminosos (se rezan los jueves)

  1. El bautismo de Jesús en el río Jordán.
  2. El milagro de nuestro Señor en las bodas de Caná.
  3. La predicación del Señor anunciando el Reino de Dios e invitando a la conversión.
  4. La transfiguración de nuestro Señor Jesucristo.
  5. La institución de la Eucaristía en la última cena.

Misterios dolorosos (se rezan martes y viernes)

  1. La agonía de nuestro Señor en el huerto de los olivos.
  2. La flagelación del Señor.
  3. La coronación de espinas de Jesús.
  4. Nuestro Señor carga con la cruz camino al monte Calvario.
  5. La crucifixión y muerte de nuestro Señor Jesucristo.

Misterios gloriosos (se rezan miércoles y domingo)

  1. La resurrección del Señor.
  2. La ascensión de Jesús a los Cielos.
  3. Pentecostés: la venida del Espíritu Santo.
  4. La asunción de la Santísima Virgen María a los Cielos en cuerpo y alma.
  5. La coronación de Nuestra Madre como Reina y Señora de todo lo creado.

Existen también los llamados misterios preparatorios, los cuales están poco difundidos y aún no incorporados oficialmente por la Iglesia Católica. Así como alguna vez se empezó a hablar y rezar los misterios luminosos, creados en 1957 por el sacerdote maltés Jorge Preca (iluminado por la Virgen del Carmen) y más tarde reestructurados e incorporados oficialmente en el 2002 a través de una carta apostólica por el Papa San Juan Pablo II, desde el papado de Benedicto XVI surgen estos últimos misterios que meditan la historia antes de la encarnación del Hijo de Dios; es la preparación de la encarnación a través de la vida de la Virgen María.

Estos misterios corresponden a la concepción, el nacimiento, la infancia, virginidad perpetua y desposorio de Nuestra Madre y deben rezarse los días sábado. Son misterios que también revalorizan la figura de San José como verdadero esposo de la Virgen María y a ambos como modelo de matrimonio y padres. Al estar alineados con la doctrina de la Santa Iglesia Católica, podemos rezar estos misterios preparatorios sin temor y con la certeza de que alegramos enormemente al Inmaculado Corazón de María.

Misterios preparatorios (en caso de que se decida incorporarlos, se rezan los días sábado)

  1. La inmaculada concepción de María.
  2. La natividad de María.
  3. La presentación de la Virgen María en el templo.
  4. La virginidad perpetua de María.
  5. Los desposorios de San José y la Santísima Virgen María.
  • Al concluir podemos rezar opcionalmente algunas jaculatorias. Por ejemplo:
  • Luego rezamos las letanías de la Virgen u otras oraciones marianas como la Salve.

Salve: Dios te salve, Reina y Madre de misericordia. Vida dulzura y esperanza nuestra. Dios te salve. A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. ¡Ea!, pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!, ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Es importante también rezar la oración a San José y la oración a San Miguel Arcángel compuestas por el Papa León XIII.

A Ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación. Y después de invocar el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiados tu patrocinio. Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos vuelvas benigno los ojos a la herencia que con Su sangre adquirió Jesucristo y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades. Protege, providentísimo custodio de la Sagrada Familia, la escogida descendencia de Jesucristo. Aparta de nosotros toda mancha de error y de corrupción, asístenos propicio desde el Cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste al Niño Jesús del inminente peligro de la vida, así ahora defiende a la Iglesia Santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad. Y a cada uno de nosotros protégenos con perpetuo patrocinio para que a ejemplo tuyo y sostenidos por tu auxilio podamos santamente vivir, piadosamente morir y alcanzar en el Cielo la eterna felicidad. Amén.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes. Y Tú, Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

  • Para finalizar por completo el rezo del Santo Rosario, nos santiguamos: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
El Santo Rosario - 2021 -
Jesús, José y María: les doy el corazón y el alma mía.
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